MARÍA COLLAZO
(1884-1942)

Sindicalista, pedagoga, periodista y educadora
«Muchas son las mujeres que llámense o son llamadas anarquistas, pero por desgracia son bien pocas las que buscan los medios de independizar su criterio, estudiando […] A ver, compañeras, si de una vez comenzamos nuestra obra de superación a nosotras mismas […] y para que desaparezca aquello, desgraciadamente cierto de que, si el compañero es anarquista, ella es anarquista, si él es socialista, ella lo mismo, etc., y también para que desaparezca la desconfianza de los compañeros.»

LA BATALLA,
Febrero de 1917.

Nace en Montevideo el 6 de marzo de 1884, en una familia de inmigrantes gallegos, católicos y comerciantes. Es la quinta de nueve hermanos, que pasan su infancia en el barrio de La Aguada y concurren a un colegio de monjas, cuyo régimen autoritario ella rechaza sistemáticamente. De adolescente se ve influenciada por las ideas libertarias de su hermano Luis, y por mantener esas ideas finalmente rompe con su familia. En 1902, a los dieciocho años, se casa con un obrero cigarrero de apellido Pedreira. Con él tiene cuatro hijos, que bautiza con nombres mitológicos: Aurora, Themis, Espartaco y Venus, algo muy usual en los anarquistas de principios de siglo a fin de evitar los nombres bíblicos o cristianos.
En 1904 se radica en Buenos Aires, relacionándose con los principales centros anarquistas y participando en diversas luchas sociales y sindicales. En 1907 organiza, junto a Juana Rouco, Virginia Bolten y otras activistas, el Centro Femenino Anarquista, primer local libertario exclusivamente de mujeres en Argentina. Durante la Huelga de Inquilinos, ese mismo año, protesta contra la subida de los alquileres y los desalojos y, junto a Juana, se destaca en las manifestaciones y mítines. Por esa participación se le aplica la Ley de Residencia y es deportada a Montevideo. Días después, la revista Caras y Caretas publica una nota con fotografías sobre su actuación en la huelga.
Entre 1904-1907 y 1911-1915, gracias a las políticas liberales del Presidente José Batlle y Ordóñez, puede desarrollar sus ideas libertarias y sindicalistas con cierta tranquilidad, militando en las Sociedades de Resistencia de las mujeres trabajadoras (lavanderas, planchadoras, vendedoras de fósforos y cigarros, etc.).
En 1908, pocos meses después de nacer su cuarta hija, enviuda. Al año siguiente funda, junto con Bolten, Rouco y algunos anarquistas hombres, el periódico La Nueva Senda y participa junto a Belén de Sárraga en la campaña de apoyo al pedagogo anarquista catalán Francisco Ferrer i Guardia. El 26 de marzo de 1911 crea el Centro Feminista «Emancipación» y dos años más tarde, con su nueva pareja, el carpintero Carlos Narvalaz, tiene a su última hija, Ehbe- Leda.
En 1915 funda y dirige el periódico La Batalla, que, aunque era netamente político y libertario, publica también numerosos artículos pedagógicos y educativos y cuenta asimismo con espacios para el arte, la poesía y la música. En sus páginas pueden leerse textos de gran prestigio escritos, por ejemplo, por el filósofo Carlos Vaz Ferreira o el literato José Enrique Rodó. Durante los doce años en que se edita, María expone a través de sus columnas sus ideas y denuncias, realizando un especial hincapié en las condiciones del trabajo obrero de las mujeres.
A partir de 1918, con la creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), María incrementa sus esfuerzos en la lucha contra la discriminación salarial de las mujeres y contra los «anarcobatllistas», militantes libertarios que se amoldan a los sectores oficialistas. Participa activamente en Montevideo en la sangrienta huelga general de agosto de 1918. En 1923 es una de las cofundadoras de la Unión Sindical Uruguaya (USU). Es una comprometida activista en el Comité de Ayuda a la República Española, poniéndose desde sus comienzos, en 1936, al servicio de la causa. Entre 1933 y 1938, durante la dictadura de Gabriel Terra, se convierte en un referente de las movilizaciones contra el gobierno. Muere el 22 de enero de 1942, en Montevideo, a los cincuenta y ocho años.
Feminista de gran vitalidad, asumió con entereza y decisión cada rol que desempeñó sin descuidar ninguno de ellos, y siendo madre de cinco hijos. Paradigma en la defensa y reivindicación de la igualdad de género, se mantuvo siempre fiel a sus ideales, en especial al de la lucha por la emancipación de las mujeres.

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