PAULINA LUISI JANICKI
(1875-1950)

Maestra, primera doctora en Medicina y Cirugía y catedrática del Uruguay
«Quiere el feminismo demostrar que la mujer es algo más que materia creada para servir al hombre y obedecerle como el esclavo a su amo, que es algo más que máquina para fabricar hijos y cuidar de la casa; que, si es su misión la perpetuación de la especie, debe cumplirla más que con sus entrañas y sus pechos, con la inteligencia y el corazón, preparados para ser madre y educadora.»

ACCIÓN FEMENINA,
Agosto de 1917.

«Yo he convivido con aquellas mujeres las horas emocionantes y dinámicas de las elecciones del ‘33. […] yo las he acompañado, hermanada en entusiasmos e ideales, en aquellas jornadas en que preparaban su primer acto en la vida ciudadana.»

BAJO EL SIGNO DE MARTE. ESPAÑA.
HOMENAJE A LAS DEMOCRACIAS MÁRTIRES, 1942.

Nace el 22 de setiembre de 1875 en Colón (Argentina). A sus tres años la familia se traslada a Paysandú (Uruguay) y poco después se radican definitivamente en Montevideo. Es la mayor de ocho hijos, de padre italiano y madre polaca, ambos con formación e interés por la educación y con ideas pedagógicas revolucionarias basadas en la libertad. Las seis hermanas —«las Luisi», como solían llamarlas— estudian para ser maestras y se destacan por su independencia. Paulina fue la primera doctora en Medicina del país, Clotilde la primera doctora en Leyes, Luisa una poeta destacada, Inés también médica y Elena y Anita maestras. Son el paradigma de mujeres emancipadas y así queda grabado en la memoria de sus contemporáneas.
En 1900, luego de recibirse de maestra, Paulina ingresa en la Universidad. En 1908 se gradúa con honores en Medicina y Cirugía. Ser la primera médica cirujana del Uruguay marca su espacio en el escenario masculino de esa profesión. El titularse es una gran victoria frente a los prejuicios de sus propios compañeros, que tanto se burlan de ella, y un gran logro de cara a una sociedad que se escandaliza al pensar que una mujer examina y atiende a hombres desnudos. En 1909 ya es jefa de la Clínica Ginecológica de la Facultad y dispone de un laboratorio propio para sus investigaciones sobre fecundación y fertilidad.
Siempre vinculada a la docencia, ejerce como profesora de Educación Profiláctica en la Escuela Normal de Mujeres y también en la Sección Femenina de Educación Secundaria. En 1923 viaja a París y cursa la especialización en dermatología y enfermedades venéreas. Desde sus conferencias introduce en el Estado la preocupación por la instrucción en educación sexual. Publica varios trabajos sobre el tema y en uno tan audaz como La enseñanza sexual propone incluir la temática en las escuelas públicas, tanto para las niñas como para los varones.
Paralelamente a su carrera profesional, Paulina integra el núcleo fundador del Partido Socialista del Uruguay. Junto a María Abella, se la considera pionera del feminismo uruguayo, al crear en 1916 el Consejo Nacional de Mujeres (CNM). En sus discursos afirma que solo a través de la unión de las mujeres se pueden obtener las reformas a las que aspiran. A partir de 1917 crea y dirige la revista Acción Femenina, dedicada a defender los derechos femeninos.
No se casa ni tiene hijos. Vive sola y su domicilio le sirve de consultorio al tiempo que es la sede del CNM. Desarrolla una intensa labor en defensa de los derechos de la mujer «para liberarla de la tutoría del hombre y apoyar su consecuente crecimiento moral e intelectual como persona». Pionera entre las sufragistas uruguayas, trabaja apasionadamente para lograr el voto femenino integral creando en 1919 la Alianza Uruguaya por el Sufragio Femenino de Mujeres. Sus esfuerzos se ven finalmente plasmados en la Constitución de 1934, pero se hacen realidad en las elecciones generales de 1938. Con ardiente vocación de justicia, impulsa organizaciones sociales y sindicales de mujeres, entre las que se destacan la Unión de Telefonistas y el Sindicato de Costureras de Sastrerías.
Ocupa numerosos cargos representando a Uruguay en misiones y eventos internacionales, siempre ad honorem, sin recibir siquiera viáticos. Es la delegada del gobierno (y primera latinoamericana en concurrir en representación de un país) ante la Liga de las Naciones, ante la Comisión Consultativa para la Protección de la Infancia y la Juventud y, dentro de ella, en el Comité para la Represión de la Trata de Mujeres y Niños (cargo que ocupa durante diez años) y ante la IV Conferencia Internacional del Trabajo, en la cual, abogando por la represión de la trata de mujeres, presenta una moción que es votada por doce países.
Incansable pacifista, concurre a la Conferencia Internacional sobre el Desarme, a la que solo asisten cinco mujeres. Es la única mujer en la II Asamblea Extraordinaria de la Liga de Naciones por el conflicto chino-japonés de 1932 y participa en el Comité Mundial de Mujeres contra la Guerra y el Fascismo en 1934. Se destaca como ferviente defensora de la causa de la República Española integrando en 1936 la Comisión de Damas de Ayuda al Pueblo Español, y al año siguiente organiza el Comité pro Casas pro Niños de la España Leal. A lo largo de su vida recibe numerosos reconocimientos, entre los que se destacan la condecoración otorgada por el gobierno portugués collar de Santiago da Espanha, mientras que del gobierno español recibe la Orden de Alfonso X el Sabio por sus trabajos sobre la prostitución y su lucha contra la trata de mujeres.
Fallece en Montevideo a los setenta y cuatro años, el 16 de julio de 1950, el mismo día en que los uruguayos festejaron el Maracanazo, la victoria de la selección uruguaya de fútbol en el Mundial de Brasil. La Facultad de Medicina honró su memoria denominando «Paulina Luisi» una de las salas de su biblioteca, y desde 2006 el Hospital de la Mujer de la capital también lleva su nombre.

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